Viernes 20 , Octubre de 2017

Enemigo mío

(Por Carlos Migliavacca)

Desde sus orígenes el hombre ha estado en una sucesión de luchas y guerras básicamente en el afán de ampliar su territorio, de dominar, de ser el poseedor de la verdad absoluta, de posicionar a su Dios como el verdadero, llámese Alá, Jehová, Buda, o Wall Street.

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Al parecer la historia nos enseña mucho pero no aprendemos, poco o nada, hemos llegado al siglo 21 actuando como los antiguos pueblos de la Mesopotamia, ellos justificados por ser primitivos a nosotros, si valiera el comentario, por la ignorancia, la mezquindad y el egoísmo.

Hoy se plantea la necesidad de tener enemigos porque solo así se justifica la industria armamentista, misma que genera gran cantidad de material bélico que se acumula en bodegas y es necesario crear conflictos para ir renovando el inventario.

Somos testigos como en el último siglo se desintegraron naciones, como surgieron nuevos países, como todavía hoy hay regiones en el mundo que luchan por su independencia, como otras, y no todas del tercer mundo, cuentan con monarquías, con soberanos absolutos a los cuales se les rinde culto.

Apenas hace 200 años muchos países lograron su independencia pero es el día de hoy que todavía no saben qué hacer con ella convirtiéndose en carne fresca de los depredadores que se presentan como la solución a sus problemas, saqueando sus riquezas, corrompiendo a sus gobiernos y empobreciendo a sus habitantes.

El siglo pasado fue marcado por dos grandes guerras y un montón de pequeñas como complemento que llevó a que se formaran dos grandes bloques en el mundo occidental, la OTAN por un lado y el Pacto de Varsovia; se generó la famosa guerra fría, comunistas contra capitalistas, buenos contra malos, ángeles y demonios.

El reloj siguió su curso y aquellas naciones que estaban en el pacto de Varsovia se fueron desintegrando, el pacto se disolvió antes que terminara el siglo, su líder, la Unión Soviética, regresó a ser Rusia y hoy está convertida al capitalismo.

Del otro lado continúo la OTAN, con su estructura, con más miembros, pero ¿para combatir a quién? Perdón, se olvida proteger la libertad y la democracia en el mundo, para combatir aquellos que piensan distinto, a los que rezan distinto, a los que no se alinean al nuevo orden internacional que establece a grandes rasgos que debemos hacer nuestras compras en Wal-Mart y pagar con tarjeta de crédito el último modelo de Iphone.

Tenemos la necesidad de generar enemigos para culparlos de nuestros males, de combatirlos para distraer la atención de nuestros errores, la hermandad árabe ya dejó de ser tal, los yemeníes padecen la peor catástrofe humanitaria, los sirios abandonan su país en guerra generando millones de desplazados, Qatar es visto con desconfianza, pero eso sí, son buenos clientes para los vendedores de armas.

Veamos hacia donde veamos, las historias no son muy distintas, muchos estadounidenses ven todavía, o eso se les sigue inculcando, que los rusos son enemigos, que los musulmanes profesan una religión del mal, que los indocumentados son una plaga.

No hace falta construir muros, estos ya están levantados desde hace mucho por alguien que condiciona su amistad con los que quieren jugar su juego, que se enoja y nos hecha cuando pierde, una amistad que nos lastima, que nos hiere y que no somos capaces de rechazar por temor a ser considerados enemigos.

Y si a este escenario le agregamos que hoy esta nación está liderada por un caprichoso conductor de reality show no podemos esperar nada mejor.

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