Soy de aquí o soy de allá

(Por Carlos Migliavacca)

En una ocasión, un amigo me preguntó ¿no extrañas tu país? Me quedé pensando un instante y le contesté que no. Pero ¿cómo? exclama mi amigo, es simple, le contesto, los problemas de allá son los mismos de acá. Allá hay corrupción e impunidad, acá también; allá hay desigualdad social y marginación, acá también, y la inseguridad es parte de lo mismo.
Bueno, extrañarás la comida, a la gente. Pues no porque allá al igual que acá cada día es más cara a tal punto que nos hemos hecho a la idea de prescindir de algunos artículos y la gente está igual de fregada en ambos lados.

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Mi amigo se fue consternado ya que esperaba otra respuesta pero así son nuestras realidades, claro y mis ganas de fastidiar al prójimo. Podemos aplicar este comparativo vivamos donde vivamos, aunque naciones de una misma región cada una con sus historias, con idiosincrasias distintas, con pueblos originarios o no, hoy podemos decir que todo el continente llegó a un punto de igualdad, pero no como hubiéramos querido, una igualdad en los problemas y en las malas formas de querer solucionarlos en las últimas décadas.

El origen del mal es el mismo, el descuido en la educación que privó de la oportunidad de progreso a millones de personas condenándolos al rezago social, un descuido que llevó a muchos a tomar la delincuencia como camino para obtener lo que por sus propios medios nunca pudiera tener, mismo descuido que separó a las clases sociales. Hoy tenemos escuelas para ricos, escuelas para pobres y para un grupo muy grande ya no alcanzó y, tal vez, por qué no decirlo, fue la causa por la cual personas mezquinas e ignorantes llegaron a la política y a ocupar puestos públicos.

Si revisamos las constituciones de todos los países de la región, en ellas, palabras más palabras menos, los gobiernos están obligados a cubrir 3 requisitos básicos que son la alimentación, la salud y la seguridad. Muchas familias no cubren sus necesidades básicas en cantidad y calidad alimentaria, los sistemas de salud están colapsados al no contar con los recursos para dar una cobertura universal a la población, los sistemas de seguridad han fracasado ante un crimen cada día más organizado e institucionalizado.

Cuántas veces se nos prometió que el nuevo gobierno contará con los mejores hombres y mujeres para solucionar los problemas que se siguen arrastrando a lo largo de los tiempos e incrementando como bola de nieve, diputados y senadores con un batallón de asesores, que nosotros pagamos, para resultados mediocres.

Los gobiernos consienten los capitales para supuestas inversiones que no reflejan ese beneficio tan esperado para la población, la privatización de los servicios públicos porque los gobiernos ya no quieren ser responsables de darnos calidad a un precio accesible.

En contraparte, quienes logran entrar al círculo de la política cuentan con beneficios más allá de sus necesidades, sueldos altos, prestaciones, y sin la obligación real de dar resultados.

En una secretaría o ministerio, cuántas veces más gana el titular de la dependencia comparado con una ordenanza o el de intendencia que limpia el sanitario que usa el señor ministro, claro que hay diferencias en cuanto a la preparación del funcionario, claro que supuestamente tiene mayores responsabilidades pero vamos a los hechos, el baño esta inmaculado mientras nuestros países se caen a pedazos, si el de intendencia no hace bien su trabajo pasa a disposición de personal, si el señor ministro se equivoca o no cumple con su función la culpa la tienen los agentes externos, la volatilidad de los mercados o el paso del cometa Kohutek.

Ese descuido en la educación ha llevado al olvido muchos valores que como sociedad debemos de aplicar a diario, ha llevado a que la clase política se olvide de su papel ante todos nosotros, a sucumbir ante la corrupción, a quitarnos la oportunidad de decir soy orgullosamente de acá.

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