Martes 12 , Diciembre de 2017

Va, pensiero

(Por Carlos Migliavacca)

¡Oh mi patria, tan bella y abandonada!, Así versa el coro de la ópera Nabucco, una obra escrita en 1842 y muy vigente hoy día tanto aquí, allá o donde fuere.

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Nuestros males son los mismos a lo largo del continente, en lo político, en lo económico y en lo social, seguimos culpando a los otros ya sean locales o extranjeros, esperamos la llegada de un mesías que soluciones todos nuestros males claro sin causarnos molestia alguna.

Vivimos depositando nuestras esperanzas en otros ya que no confiamos en nuestra capacidad de ser parte de un cambio porque no queremos involucrarnos ya sea por apatía, desconocimiento o simplemente porque creemos tener algo más importante que hacer.

Nos dejamos engañar por los medios, vivimos esclavos de nuestros miedos, nos limitamos a la crítica del momento, hablamos del tiempo que fue, nos escondemos en el anonimato de la redes, en definitiva nos aborregamos.

Nuestro patriotismo surge cuando hay una justa deportiva, y si nuestra escuadra gana creemos que somos los mejores del mundo, se nos olvida por un rato la corrupción, la impunidad, el mal gobierno, el tráfico de influencias, todas estas atrocidades con las que convivimos a diario y que ya no nos sorprenden porque nos hemos acostumbrado a ellas.

Es normal que ex presidentes, vicepresidentes y funcionarios de la administración pública vayan presos por enriquecimientos ilícito, la impunidad de otros al torcer las leyes a su conveniencia, políticos involucrados en el narcotráfico y porque no decirlo ver como el congreso de una de las mayores potencias del mundo es rehén de la Asociación del Rifle permitiendo que unos inadaptados asesinen a su gente.

Pero todo esto no es nuevo, las historias se repiten una y otra vez, cambian los actores, cambian los escenarios pero el contexto es el mismo, ayer era el endeudamiento de los países con la banca internacional, hoy regalan su dignidad a las inversiones internacionales que no vemos mientras que nosotros, bien gracias, ocupados en nuestras intrascendentes preocupaciones.

Suenan incómodas estas palabras, nos deprime esta realidad y no somos capaces de hacer algo para cambiarla o sencillamente contribuir para ello y no condenar a nuestra patria al abandono.

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