Viernes 20 , Octubre de 2017

Los poderes del Universo

(Por Carlos Migliavacca)

Sin querer contradecir a Stephen Hawpking, son tres los poderes que dominan el universo, el poder de la naturaleza, ante los embates de los elementos el hombre no puede hacer nada para evitarlo, un huracán, un sismo o un tornado nos demuestra nuestra fragilidad; si se es creyente, el poder de Dios es absoluto, quienes se atreven a confrontarlo deben pagar por ello, sino pregúntenle al faraón Ramsés o los habitantes de Sodoma. Pero el poder más peligroso, el más devastador de todos es la estupidez humana.

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A lo largo de la historia tenemos muchos ejemplos donde los hombres abusaron de ese poder y lo siguen haciendo hoy día, claro, en sus distintas denominaciones, provocando que el resto paguemos las consecuencias.

Peor es cuando estos poderes se juntan, recientemente fuimos testigos de los efectos del huracán Harvey en Texas, podemos atribuirle al fenómeno meteorológico los estragos pero la realidad es muy distinta, la falta de mantenimiento, el abandono, la nula inversión en infraestructura fueron los verdaderos culpables de la tragedia que ahí se vivió, cada vez que se presenta uno de estos fenómenos salen a la luz errores y omisiones que provocan que se rompan diques, de que se desborden las presas, que los sistemas colapsen.
Todavía escuchamos el reclamo de los miles de millones de dólares para la construcción de un muro mientras las infraestructuras del poderoso país se derrumba, el cinturón del óxido se sigue oxidando porque se abandonó, se olvidaron que en aquellas localidades donde cerraron una fábrica siguió  viviendo gente.
Este poder se usa en forma indiscriminada afectando al resto de las naciones, las que se atrevan a pensar distinto al gran poseedor del poder deben de pagar las consecuencias, embargos económicos, hostigamiento constante inclusive la posibilidad de una intervención armada.

Lo dramático es que ese poder es contagioso y algunos gobernantes de otras naciones imitan su aplicación. En fechas recientes México expulsó al embajador de Corea del Norte declarándolo persona no grata bajo el pretexto de no estar de acuerdo con las acciones bélicas de ese país -y en cierta forma para congraciarse ante los ojos del amo en turno-  lo cual cierra la posibilidad de ser interlocutor en la búsqueda de un diálogo como solución de los problemas.

A la actual administración, la mexicana claro, se le olvida la larga trayectoria de la nación como actor en la búsqueda de la paz, acogió a los perseguidos políticos de las dictaduras militares sudamericana en los años 70, fue uno de los integrantes del grupo Contadora para la pacificación de Centro América acogiendo en su territorio los campamentos de la ACNUR para recibir a los refugiados centroamericanos y tal vez lo más triste, se olvidaron de los esfuerzos de Alfonso García Robles al impulsar el Tratado de Tlatelolco para la no proliferación de armas nucleares en América Latina, esfuerzos que le merecieron el premio Nobel de la Paz.

Si este poder lo mezclamos con el poder de Dios, las cosas no son mejores, volvemos a la época de cruzados contra musulmanes, se mata en nombre de Dios, pero no nos espantemos, es en nombre de nuestro Dios no en el de ellos. Este poder ha rebajado la fe a un evento deportivo con toques de reality show, los líderes religiosos lo permitieron desde el momento que hoy, en pleno siglo 21, existen personas que son violentadas simplemente por su fe.

Afortunadamente, a diferencia de los dos primeros este poder es posible combatirlo con un elemento que todos, mejor dicho casi todos tenemos que es la inteligencia, misma que debemos entrenar y ejercitar para poder hacer frente a ese poder, así como García Robles logró librar a América Latina de armas nucleares en una época donde la mayoría de los países estaban bajo gobiernos militares, nosotros podemos combatir la estupidez de nuestros gobernantes o por lo menos controlar que no abusen de ella, debemos prepararnos, investigar, buscar nuevas formas para que nuestras voces sean escuchadas y tomadas en cuenta. Merecemos una realidad mejor.

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