Phygital o commodity: Por qué el Head of Culture es el cargo más estratégico que su empresa aún no creó (La era Phigi)

El e-commerce que abre tiendas, la tech que monta festivales, la empresa de bebidas que hace su museo y el medio que organiza cenas temáticas: la evidencia de que ya no existe negocio sin logística de experiencia. 

Empiece por una paradoja que ningún manual de hace diez años habría anticipado: las compañías que nacieron para eliminar la tienda física son hoy las que más tiendas abren. Amazon compró Whole Foods por 13.700 millones de dólares en 2017 y opera cientos de puntos físicos.

  • Warby Parker, Glossier y Allbirds —hijas puras del e-commerce— construyeron redes de locales insignia. Netflix, la empresa que vació los videoclubes, inauguró a finales de 2025 sus Netflix House en Filadelfia y Dallas: espacios de 9.000 metros cuadrados donde el catálogo se camina, se come y se compra. 

 

Ninguna de esas decisiones se explica con una hoja de cálculo de ventas por metro cuadrado. Todas se explican con una palabra que todavía suena a jerga y ya es la condición de existencia de cualquier marca: phygitalidad.

 

Qué es realmente lo phygital, y qué no es

Phygital no es "tener web y tienda". Eso es omnicanalidad, un concepto logístico de la década pasada. Lo phygital es la comprensión de que toda actividad humana ocurre hoy en un ecosistema simultáneamente físico y digital, y que la marca que no habita ambos planos con acciones reales —eventos, patrocinios, pop-ups, córners, degustaciones, activaciones, museos de marca— deja de ser marca y pasa a ser un ítem en un comparador de precios.

Dicho en lenguaje de mercado: se convierte en commodity, un producto intercambiable que compite exclusivamente en costo y que la inteligencia artificial de un buscador reemplazará sin remordimiento por el siguiente proveedor más barato.

Doug Stephens, uno de los analistas de retail más citados de Norteamérica, lo formuló con crudeza en Resurrecting Retail: la tienda dejó de ser un canal de distribución para convertirse en un medio de comunicación, y el producto dejó de ser el objetivo para convertirse en el souvenir de la experiencia. Pine y Gilmore lo habían anticipado en 1999 en The Experience Economy; la diferencia es que ahora los datos lo confirman.

 

 

El dato que desarma la objeción del ROI

La objeción clásica del director financiero es previsible: "una activación no vende". Y tiene razón en el sentido estrecho. Un estand en un festival, una cena de marca o un pop-up de setenta y dos horas rara vez pagan su costo en tickets directos. El error está en la métrica. El International Council of Shopping Centers documentó el llamado efecto halo: la apertura de una tienda física eleva el tráfico web de una marca en torno a un 37% en promedio, y el cierre de esa tienda lo desploma en proporción similar. PwC bautizó la métrica correcta en su Consumer Intelligence Series: ROX, Return on Experience, el retorno medido en frecuencia, ticket cruzado, recomendación y disposición a pagar, y no en la venta lineal del punto de contacto.

La analogía correcta es la del gimnasio. Nadie compra una membresía porque una sola sesión lo ponga en forma; la compra porque el sistema completo lo transforma. Cada activación phygital es una sesión: individualmente irrentable, colectivamente indispensable. Pese al crecimiento del comercio electrónico, más del 80% de las ventas de retail en Estados Unidos siguen ocurriendo en espacios físicos según el Census Bureau. El cuerpo no migró a la nube. Solo se hizo más exigente con lo que encuentra cuando sale.

 

Lo que dice el cerebro: la marca que no se toca no se recuerda

La neurociencia aporta la razón de fondo. Charles Spence, director del laboratorio de investigación crossmodal de Oxford, ha demostrado durante dos décadas que la memoria de marca se consolida a través de la integración multisensorial: una experiencia que involucra tacto, olfato, sonido y presencia social genera huellas de memoria exponencialmente más duraderas que un estímulo visual en pantalla. Es lo que la psicología cognitiva llama cognición encarnada: pensamos con el cuerpo, no solo con los ojos. Un banner se procesa en el córtex visual y se descarta en milisegundos. Una degustación, un olor, la mano de alguien entregándonos algo en un evento, activan el sistema límbico, la sede de la emoción y del recuerdo a largo plazo. La pantalla informa. El espacio físico imprime.

 

 

La nueva logística: fulfillment, flex y comunidad como una sola disciplina

Aquí aparece la consecuencia operativa que muchas empresas tecnológicas descubren tarde. Ser phygital exige una logística promocional tan sofisticada como la de distribución: gestión de inventario para pop-ups, merchandising de calidad, equipos de activación entrenados, flexibilidad para montar y desmontar en horas, y una capa de comunidad que convierta al asistente en miembro. Apple lo entendió cuando Angela Ahrendts redefinió sus tiendas como "plazas públicas" con programación cultural diaria. Nike lo entendió con sus House of Innovation. Red Bull lo lleva al extremo: su negocio de bebidas financia una compañía de medios y eventos que es, en la práctica, su verdadero producto.

 

El cargo que separa a la marca del commodity

Todo esto converge en una figura organizacional que ya existe en las compañías más avanzadas y que la mayoría del continente todavía no tiene en su organigrama: el Head of Culture, responsable de una dirección amplia que integra eventos, patrocinios, activaciones, merchandising, comunidad y contenido vivencial bajo una sola visión. No es un director de marketing con presupuesto para stands. Es el custodio de la única pregunta que importa: ¿qué siente una persona cuando se encuentra físicamente con nuestra marca? Byron Sharp lo sostiene desde la evidencia en How Brands Grow: las marcas crecen por disponibilidad mental y física. La cultura, ejecutada en el mundo real, es la forma más potente de construir ambas al mismo tiempo.

 

 

Proyección

Un medio que no organiza encuentros, una fintech que no pisa la calle, una marca de consumo que solo existe en un feed, comparten el mismo destino: ser sustituibles. La pregunta para cada consejo directivo del continente no es cuánto cuesta una estrategia phygital. Es cuánto vale, en 2026, seguir siendo una marca.