La IA no podrá conmigo.
Hay algo que la inteligencia artificial nunca va a poder hacer mejor que yo: ser yo.
Hace décadas trabajo en comunicación, marketing y branding. Creé marcas exitosas, campañas que consiguieron impactar, emocionar, vender. Formé parte de equipos fundacionales de empresas, proyectos e instituciones. Soy consultor, profesor y artista plástico. Creo que, en realidad siempre hice lo mismo: interpretar personas.

Entender qué desean, qué tensión existe detrás de un comportamiento. Encontrar oportunidades. Percibir cuándo una idea estratégicamente impecable va a fracasar, y cuándo una incómoda o imperfecta tiene algo que la hará extraordinaria. Eso es parte de mi impronta y no creo que la IA pueda reemplazarme. No porque no sea suficientemente poderosa.
La IA escribe, diseña, investiga, analiza, relaciona cantidades de información a gran escala, crea estrategias, conceptos, imágenes y música. Y lo hace a una velocidad imposible de competir. Entonces, ¿qué queda para mí?
Lo más difícil: elegir.
Porque creatividad no es producir cien ideas. Es saber cuál importa.
Estrategia no es encontrar las respuestas, es decidir qué pregunta vale la pena responder.
Conocer al consumidor no es procesar millones de datos. Es comprender por qué una persona dice una cosa y hace otra.

- La IA es poderosa pero yo tengo historia, contradicciones, intuiciones construidas después de acertar y equivocarme muchas veces.
- Tengo sensibilidad, obsesiones y prejuicios que intento combatir. Tengo recuerdos, miedos, deseos, sentido del humor.
- Tengo algo que demostrar. Y al tomar una decisión, tengo algo en juego.
Mi nombre. Mi reputación. Mi relación con alguien. Mi dinero. Mi equipo. Mi carrera. Mi orgullo.
La IA puede recomendar una decisión. Yo tengo que vivir con ella.

Por eso creo que el futuro pertenecerá a aquellos capaces de usar una inteligencia extraordinariamente poderosa sin renunciar a la propia.
Durante toda mi carrera las herramientas cambiaron. Pero nunca confundí la herramienta con el autor.
Aunque quizá haya llegado el momento de empezar a discutir también eso. Porque hay algo que no les conté. Yo no escribí este post. Lo escribió mi ChatGPT. Le expliqué quién soy, lo que pienso, mi tesis, la contradicción que quería construir. Indiqué el tono y dónde quería llevarlos. Y le expliqué cómo quería que se sintieran cuando llegaran hasta esta última parte. La IA hizo el resto.

Así que ahora tengo un problema.
- Acabo de explicarles por qué una IA nunca podrá reemplazarme… utilizando una IA para convencerlos.
Y si llegaron hasta acá creyendo que estas palabras eran mías, la pregunta quizá ya no sea si la IA puede escribir como nosotros.
- La pregunta incómoda es otra: si la idea fue mía, la estrategia fue mía, la intención fue mía y la decisión de publicar fue mía, pero lo escribió una IA… ¿quién es el autor de este post?
Yo tengo mi respuesta.
Pero sé que no todos vamos a estar de acuerdo.
Y ahí empieza la conversación que realmente me interesa.

León Molina
CEO de Bravura Strategist
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