-
La percepción de un peligro genera el envío de adrenalina al torrente sanguíneo, operando como un “saque” de estimulantes que permite una rápida reacción y prepara para el ataque y la defensa.
-
En el estado de estrés agudo, esa adrenalina produce una redistribución de los volúmenes sanguíneos: disminución en la piel y en otros órganos y aumento en el corazón, cerebro y músculos, a fin de prepararse para la lucha. La adrenalina es como una “droga” interna de emergencia, que no debe activarse de forma permanente, ya que lleva al estrés crónico.
-
Entre otras consecuencias, su “uso” por largos períodos produce el llamado síndrome metabólico, con hipertensión arterial, aumento del colesterol, acumulación de grasa en el abdomen, disminución de la potencia sexual, deterioro del cerebro y déficit inmunológico.
Los estudios refieren tres perfiles psicológicos según el modo de reaccionar al estrés.
-
El tipo A define a las personas competitivas, agresivas y controladoras.
Estas personas tienen mayor riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
-
El tipo B corresponde al individuo relajado, tranquilo, confiado, atento tanto al bienestar personal como a las relaciones interpersonales y a la expresión de sus emociones, incluyendo las hostiles. Y son aquellos que tienen menor riesgo de enfermar física y mentalmente.
-
El tipo C corresponde a personas pasivas, introvertidas, con conductas de sometimiento y bloqueo en la expresión de las emociones. Se desconectan y llevan puesta una escafandra virtual, aislándose defensivamente en una especie de autismo que los hace impermeables a los otros y a la realidad.
-
Son los que “se tragan el veneno” y son propensos a las alergias, las enfermedades respiratorias y el cáncer. En los últimos años, un grupo de investigadores de la Universidad de Yale descubrió que el estrés activa la producción de la enzima PKC, que genera un déficit en el pensamiento, en la capacidad de planificación, en el juicio y la memoria.
-
Esta enzima genera también impulsividad, desconexión de la realidad y alternancia entre estados de euforia y depresión. Estos nuevos estudios demuestran que, en situaciones de estrés, se pierde la perspectiva, se toman decisiones por miedo o desesperación, se evitan o se niegan datos perturbadores. Además, al desacelerar, la falta de adrenalina genera sentimientos de agotamiento, vacío y depresión.
Y para mantener un alto rendimiento, se comienzan a usar otro tipo de estimulantes: comer y beber en exceso, consumir tabaco, psicofármacos, y en algunos casos drogas, deportes de riesgo o juegos de azar.
-
Cualquier estímulo que active o reemplace la producción de adrenalina. Adrenalina o estimulantes externos: el resultado es que el individuo terminará demasiado tenso o acelerado, “duro”. El problema es que si recurre a tranquilizantes, estos disminuirán su agilidad mental y su capacidad de reacción ante nuevos estímulos.
-
Imaginemos que me llaman para decirme que se produjo un robo en mi oficina, y luego se comprueba que nada grave sucedió. En el caso de una falsa alarma, la adrenalina que ya entró en circulación tardará varias horas en metabolizarse y eliminarse. A su vez, no solo el organismo sino una organización puede hacerse adicto a la adrenalina, y únicamente ser capaz de reaccionar ante la emergencia.
-
Cuando les falta, se sienten deprimidos y desanimados, sin ilusión ni expectativas. La tragedia que se desencadena finalmente es que los miembros de un equipo comienzan a generar emergencias artificiales, para sentir la euforia que les produce la adrenalina. Ya no saben trabajar en paz. Generan crisis y conflictos, y viven en estado de tensión permanente. En ese clima, la creatividad es aniquilada, la red humana se fragmenta.
-
Y debido al agotamiento físico y mental, la gente termina el día destruida. La calidad de su trabajo se resiente, pero también su vida familiar y social, y su salud física y mental. Con el tiempo, aparece lo que en el uso de drogas se llama fenómeno de tolerancia: para lograr el mismo efecto, se necesita cada vez una dosis mayor.
-
La creatividad agoniza y, a la larga, la capacidad de reacción también, por el agotamiento de vivir en emergencia constante. Cuando funcionamos linealmente, somos como un país en guerra, cuya prioridad es defender sus fronteras.
-
Todos los recursos estarán asignados a la defensa. La salud, la educación, la cultura y el crecimiento en general se verán empobrecidos. Es cierto que, en determinados momentos, se hacen necesarias las habilidades de la guerra: la defensa y el ataque son recursos indispensables cuando se trata de sobrevivir.
Sin embargo, para el crecimiento sostenible y la expansión hacen falta recursos de tiempos de paz.
El ejercicio de la creatividad en un clima de trabajo basado en la confianza genera bienestar; la respuesta de los otros incrementa la propia energía y se termina el día menos cansado y, hasta, con entusiasmo extra para desarrollar otras actividades.
-
Esto es lo que suele suceder también con el deporte no competitivo, los juegos y los hobbies, el sexo, el baile, la música, todas las actividades que generan la producción de hormonas de la serie de las endorfinas, las hormonas del placer.
-
Del mismo modo, la respuesta empática de los otros, las demostraciones de afecto, aceptación y reconocimiento son también generadoras de endorfinas. Es interesante observar que, ante una situación nueva y potencialmente inquietante, el que tiene mayor experiencia y confianza en sus aptitudes necesitará recurrir menos a la adrenalina. Y el que se siente apoyado por su equipo también. Es cierto que, ante una aventura excitante, se activarán tanto las endorfinas como la adrenalina.
-
Sin duda, al enfrentar un nuevo desafío, como una conquista amorosa, un nuevo trabajo, un viaje a lugares desconocidos, entran en juego tanto el miedo como el placer. En el caso contrario aparece el círculo vicioso: si estoy a la defensiva, no recibo o no registro el sostén de la red humana. En una lucha solitaria y heroica, solo me queda usar más adrenalina para seguir en pie. El estado de estrés crónico, que padecen muchos de los líderes y altos mandos de las organizaciones, representa un déficit crónico en la calidad de su pensamiento y un estrechamiento gradual de su visión.
-
Esto los lleva a funcionar de modo lineal y destruye las condiciones para pensar y crear. Y, además, a la manera de un círculo vicioso, el funcionamiento lineal conlleva mayor estrés. En los períodos de estrés, el cuerpo está al límite del agotamiento y la mente al límite de su funcionamiento. Las emociones también están al límite. Por eso, algunos se preguntan por qué les surgen reacciones de irritabilidad y violencia ante situaciones aparentemente insignificantes.
Y esto no solo en la oficina, sino también en la vida familiar y social. La urgencia, el exceso de información, las interrupciones permanentes, la falta de ejercicio de la creatividad son algunas de las causas de estrés en los equipos y organizaciones. El estrés llega a altos grados de toxicidad y se trabaja en un clima negativo y tenso. Claro que las organizaciones lineales no necesitan la creatividad de su gente, solo su acatamiento.
El equipo queda uniformado, y de ese modo “va al frente”, apto solo para la guerra. El resultado más grave es que los más talentosos se enferman o se van y quedan los más rígidos, los que tienen más “aguante” y menos imaginación.
-
Al contrario, cuando se aprende a gerenciar la diversidad y se tolera cierto desorden típico de la complejidad, la organización no solo crece y se expande sino que se mantiene viva y joven. Los talentos se quedan, porque son valorados y protegidos. Cambiar de modelo es comenzar a reconocer como valores el tiempo libre, los horarios flexibles, la posibilidad de desarrollar actividades más lúdicas, de establecer contactos humanos más ricos y profundos, de dedicar tiempo a la imaginación. El ataque a la calidad de vida implica un elevado presupuesto en salud para las organizaciones, y la pérdida de la salud mental tiene un elevado costo en errores de criterio y malas decisiones tomadas en estados alterados y con visión lineal.
-
Preservar la salud mental de la gente parece ser esencial para evitar errores y accidentes, y promover el funcionamiento creativo. Además, cuando nos hacemos adictos a los estímulos, el trabajo avanza sobre nuestra vida privada, dañando nuestros vínculos y nuestro potencial creativo. Por el contrario, cuando estamos en un clima colaborativo, son nuestra creatividad y personalidad las que se difunden hacia todas nuestras áreas vitales y también hacia el trabajo.
Soniaabadi.com
Read Smart, Be Smarter!
https://infonegocios.miami/subscribe-to-newsletter
Contact: [email protected]
Infonegocios NETWORK: 4.5 million Anglo-Latinos united by a passion for business.
Join us and stay informed.
© 2025 Infonegocios Miami.
Infonegocios Miami—Economic, Cultural, and Business Intelligence with a Global Lens
Tu opinión enriquece este artículo: