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No me sorprendió tanto que esta persona estuviera muy ocupada, sino la forma en que me lo transmitió: sentí en él cierto “orgullo” de contarme que no tenía ni un hueco en su agenda, como si se tratara de un logro per se.
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Su colega de Marketing me comentó algo similar: “Entre los viajes, las reuniones con las agencias, las presentaciones internas y las activaciones, dudo que podamos continuar con el proceso hasta la siguiente temporada”.
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Cada vez que escucho este tipo de justificaciones, asumo que vivimos en un mundo que enaltece la híperproductividad, la inmediatez y la “agenda llena” como símbolos de éxito y prestigio. El sobrecompromiso se ha convertido en una trampa silenciosa que aprisiona a cada vez más profesionales de los ámbitos más diversos. Sobre este fenómeno, omnipresente en las organizaciones, vamos a explayarnos en estas líneas.
La era de la hiperexigencia
Aceptar demasiados proyectos, asumir más responsabilidades de las que podemos manejar o comprometernos con múltiples iniciativas a la vez puede sonar apasionante a primera vista, pero la evidencia demuestra que es un camino que lleva al desgaste, la baja calidad de los resultados y, en casos extremos, al burnout.
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El término “sobrecompromiso” no es nuevo, existen registros de su utilización en el siglo XIX y es mencionado en numerosos estudios de mediados del XX, pero su impacto se siente hoy con más fuerza que nunca.
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El sobrecompromiso retrata el fenómeno de asumir más obligaciones de las que es posible cumplir con los recursos disponibles: tiempo, energía y capacidades. Es un concepto profundamente asociado con la cultura contemporánea de la hiperexigencia. Reconocerlo, identificar sus señales y encontrar estrategias para gestionarlo apropiadamente es clave para desarrollar trayectorias profesionales sostenibles.
Como dijimos, el sobrecompromiso ocurre cuando una persona acepta más tareas, proyectos o responsabilidades de las que realmente podría sostener, poniendo en juego su salud, su rendimiento o su bienestar emocional. Pero el trasfondo es más complejo. No se trata solo de “mala organización del tiempo”, sino de factores emocionales, sociales y culturales que nos empujan a decir que sí incluso cuando deberíamos decir que no.
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La psicoterapeuta y escritora Israa Nasir, en “Why you’re chronically overcommitted” (“Por qué estamos sobrecomprometidos de manera crónica”), dice que el sobrecompromiso no es tanto un error en la gestión del tiempo, sino un reflejo de la presión cultural que nos empuja a trabajar en exceso, aun cuando el costo sea evidente para la salud física y mental.
Sobrecompromiso no es sobreimplicación
Es importante distinguir este concepto de la idea de sobreimplicación planteada por el sociólogo francés René Lourau. Para ello, despejemos los términos:
- Compromiso: es esa voluntad consciente de involucrarse y cumplir, una decisión profesional saludable y necesaria.
- Sobrecompromiso: aparece cuando esa decisión se desborda y la persona empieza a dar más de lo que puede sostener: trabajar más de la cuenta, cargar culpas por no llegar, sentirse indispensable.
- Implicación: no es una actitud visible, sino la relación estructural —a veces inconsciente— que tenemos con la organización, incluso cuando no participamos o cuando tomamos distancia.
- Sobreimplicación: es el lado oscuro de la implicación y se da cuando la organización convierte la entrega emocional en una obligación; pide entusiasmo permanente, exige “poner el cuerpo” siempre y transforma el compromiso en una especie de mandato moral.
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En resumidas cuentas, compromiso es elegir involucrarse y sobrecompromiso es perder el equilibrio por comprometerse demasiado, mientras que implicación es cómo estamos conectados con el sistema y sobreimplicación es cuando ese sistema nos pide más de lo que podemos dar, no solo en horas, sino en “alma”.
Compromiso y sobrecompromiso son decisiones personales, mientras que implicación y sobreimplicación ya dependen de la organización con la que nos conectamos.
Las causas del sobrecompromiso
Basados en las ideas de Marc Zao-Sanders, autor del método timeboxing, podemos señalar entre las principales razones del sobrecompromiso:
1. La necesidad de complacer a los demás y la validación externa: buscamos aprobación en nuestro entorno y pensamos que decir que sí siempre nos hará ver como más comprometidos y valiosos.
2. El miedo al rechazo o al fracaso: el temor a que la negativa se interprete como una señal de debilidad o desinterés.
3. La comparación constante con los otros: en entornos hipercompetitivos, la lógica de “si otros pueden, yo también” alimenta decisiones poco realistas.
4. El FOMO (Fear of Missing Out, “miedo a perderse algo”): el temor a perder oportunidades nos lleva a abarcar demasiado; es una sobrecarga impulsada por la ansiedad de no quedar atrás.
5. El deseo de control: aceptar múltiples tareas da la ilusión de que todo depende de uno, reforzando una falsa sensación de poder.
6. La falacia de la planificación: tendemos a subestimar cuánto tiempo llevan las tareas y a sobreestimar nuestra capacidad. Este optimismo nos hace aceptar más actividades de las razonables, generando estrés, retrasos y acumulación.
7. El síndrome del impostor: cuando alguien duda de sus competencias trata de compensarlo diciendo “sí a todo” para demostrar valor o evitar ser “descubierto”. El resultado: una auto demanda profesional que deriva en agotamiento.
8. Límites difusos o inexistentes: sin fronteras claras en tiempo, disponibilidad y responsabilidades, los demás ocupan ese espacio. La falta de límites —externos e internos— facilita que el trabajo se expanda y desplace la vida personal.
En La sociedad del cansancio, el reconocido filósofo Byung-Chul Han señaló que en el capitalismo de rendimiento, la violencia de la represión externa fue reemplazada por la de la auto explotación, llevando a una sociedad de individuos agotados, deprimidos y frustrados. No por exigencias de un otro, del afuera, sino por auto imposiciones.
Esta nueva forma de poder no se basa en prohibiciones, sino en la autoexigencia constante de productividad y el exceso de positividad (mantener siempre una actitud favorable, optimista o constructiva frente a las situaciones, incluso cuando son difíciles), lo que hace que las personas se conviertan en sus propios verdugos y se sientan culpables de su propio agotamiento.
Las señales de alerta
Detectar el sobrecompromiso a tiempo puede evitar males mayores. Algunas señales recurrentes son: cansancio constante, descuido de necesidades básicas, ausencia de tiempo libre, errores frecuentes, ansiedad crónica y deterioro en las relaciones extralaborales.
Los destacados profesores Avanzi, Zaniboni, Balducci y Fraccaroli, demostraron que el sobrecompromiso se relaciona directamente con el burnout y que la insatisfacción laboral agrava ese vínculo: quienes trabajan en contextos donde la motivación se erosiona tienden a comprometerse más de la cuenta como un intento disfuncional de compensar la frustración.
La paradoja es clara: cuanto más agotados nos sentimos, más nos sobrecargamos en busca de una validación que nunca llega. Este círculo vicioso termina en síntomas de agotamiento físico, despersonalización y pérdida del sentido del trabajo.
Las consecuencias del sobrecompromiso
Así como las señales son claras, las consecuencias también lo son. Es el camino del desgaste a la despersonalización. Entre las más destacadas derivaciones encontramos:
- Problemas de salud física y mental, desde insomnio hasta depresión.
- Baja calidad en el trabajo, con mayor número de errores, incapacidad para innovar y dificultad para sostener estándares de excelencia.
- Pérdida de satisfacción laboral y vital.
- Deterioro en las relaciones interpersonales.
- Impacto negativo en el clima organizacional, generando equipos agotados y con alto nivel de rotación.
Diversas investigaciones muestran, además, que el sobrecompromiso no solo se relaciona con el burnout, sino que lo alimenta de manera sistemática. El agotamiento inicial conduce a estrategias compensatorias poco saludables —como trabajar más horas, postergar el descanso o aceptar nuevos proyectos—, lo que incrementa aún más el riesgo de un desgaste mayor.
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La coach Anna Dearmon Kornick, quien conduce el popular podcast “It’s about time” (“Es sobre el tiempo”), lo explica de manera sencilla: “Al decir sí a todo, decimos no a nuestra salud, a nuestras relaciones y, en última instancia, a nuestro éxito real”.
Qué hacer: estrategias para romper el círculo vicioso
Superar esta trampa exige un cambio profundo en la manera en que entendemos el trabajo, el éxito y los límites personales. Algunas estrategias recomendadas por los expertos incluyen:
1. Reconocer y auditar compromisos: listar de forma honesta todas las obligaciones actuales y evaluar cuáles son realmente prioritarias.
2. Aprender a decir no de manera inteligente: poner límites no es un acto de egoísmo, sino una forma de autocuidado estratégico.
3. Priorizar con sentido: no todo lo urgente es importante; diferenciar entre lo esencial y lo accesorio es clave.
4. Manejo estratégico de reuniones: discernir cuándo hay que participar y cuándo no, y desafiar la extensión de las mismas.
5. Delegar sin culpa: confiar en otros no disminuye nuestro valor; lo potencia.
6. Aplicar técnicas de gestión del tiempo: las tácticas y herramientas ayudan a recuperar el foco.
7. Revisar las causas emocionales: muchas veces nos sobrecargamos porque evitamos enfrentar inseguridades más profundas.
8. Utilizar la tecnología inteligentemente: abrazar los dispositivos y la IA para que se conviertan en aliados y no en enemigos.
9. Fomentar culturas organizacionales sanas: las empresas tienen un rol clave en desalentar la glorificación de la agenda saturada.
En síntesis
El sobrecompromiso refleja tanto presiones sociales como inseguridades personales. Decir “sí” puede abrir puertas, pero hacerlo de manera indiscriminada puede cerrarlas. La clave está en reconocer nuestras limitaciones, no como una debilidad, sino como una forma de autocuidado y de inteligencia profesional.
(*) Alejandro Melamed es Doctor en Ciencias Económicas, speaker internacional y consultor disruptivo. Es autor de nueve libros, entre ellos Liderazgo + humano - Historias de (mi) vida para inspirarnos (2025), El futuro del trabajo ya llegó (2022), Tiempos para valientes (2020), Diseña tu cambio (2019) y El futuro del trabajo y el trabajo del futuro (2017).
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