2025: la lógica de las redes “humanas”¿acaparar o compartir? (¿qué entendimos, por fin?)

(Por Sonia Abadi, en concreción con la prestigiosa Red Beyond, y en una colaboración con Infonegocios Miami) Finalmente, entendimos, que el futuro es colaborativo, cocreativo, conectivo. En todos los aspectos. 

(Tiempo de lectura de valor: 4 minutos)

En los negocios, las artes, la ciencia y la tecnología. Y que nuestras redes humanas trascienden los círculos de poder y nos abren infinitas posibilidades.

Sin embargo, cuando iniciamos un nuevo proyecto solemos aspirar a ser parte de un grupo influyente, esperando recibir favores, ventajas o beneficios. Y si queremos hacer crecer nuestro emprendimiento o empresa, tratamos de encontrar el respaldo de ese capital de contactos importantes. Ésos se cuidan, se reservan, se trata de no agotarlos, ya que una vez que se los utiliza, no es fácil volver a recurrir a ellos.

  • Entonces, si estamos en la primera etapa y necesitamos ayuda, no los vamos a convocar hasta que el proyecto tome forma definitiva, para no incomodarlos. Tampoco compartimos ni prestamos nuestros contactos a otras personas, ya que nos los podrían gastar o quemar. El Efecto Bala de Plata se reserva para un solo impacto. 

Imaginemos que nos encontramos con alguien que nos interesa para proponerle un proyecto y nos apuramos a entregarle nuestra tarjeta con la expectativa de que nos contacte. Si en vez de entregarle un rectángulo de cartulina que irá a parar a una pila de elementos idénticos, generamos en él un campo de interés intercambiando ideas y buscando afinidades, nos tendrá flotando en su red mental durante los próximos días.



 

  • Sólo habrá que esperar que en el momento y lugar adecuados, alguna asociación de ideas le recuerde nuestra conversación. Y no cabe duda de que se las ingeniará para encontrarnos.

En una ocasión, al finalizar una de mis conferencias, uno de los asistentes, CEO de una empresa, se acercó para pedirme mi tarjeta profesional.

Ese día yo no llevaba tarjetas. Se molestó, ya que intentaba contratarme para una capacitación. Percibí que, hombre muy formal, yo le parecía poco seria al no llevar una tarjeta. "¿Cómo la encuentro?", me reclamó. "Dígame cómo me escondo", le respondí. No pasó un mes cuando, a través de alguna de las redes, se comunicó conmigo.

  • Pero además el hecho de que alguien nos descubra le otorga un valor agregado a la relación, aportando el elemento de magia que siempre acompaña a un hallazgo.

Quizá haya que cambiar de perspectiva y recordar que, tanto en lo real como en lo virtual, en las redes humanas gana quien más aporta y no quien más se lleva. Preguntarnos "¿qué tengo para dar?" en vez de "¿qué puedo conseguir o pedir?".

  • Los expertos en dinámica de redes humanas en los EEUU afirman que se necesitan ocho interacciones con alguien para estar en condiciones de pedirle algo. ¿Y cuántas interacciones harán falta para brindar algo al otro? Apenas una.


Seamos generosos y pensemos que por nuestras tierras somos más amigables. ¿Quizá con cuatro interacciones alcance? Aún así ofrecer algo será cuatro veces más potente que pedirlo.

¿Y qué tenemos para ofrecer? Conocimientos, ideas, conexiones, contactos. Todo aquello que al otro le pueda sumar.

  • Con las conexiones informales, amigos, compañeros de deportes, conocidos de un viaje, amigos de mis amigos funcionan diferente. Estas conexiones, siempre interesantes, tienen la cualidad de que cuanto más las convocamos, más vitales y activas se mantienen. Por eso, nos conviene compartirlas y hasta presentarlas, ya que es así como se fortalecen.

Podemos hacer de puente, de facilitadores, de celestinos, entre dos o varias personas. También podemos contarles un proyecto que recién comienza y aprovechar sus propuestas y sugerencias para mejorarlo, así como colaborar desinteresadamente en el proyecto del otro aportando nuestras ideas, recursos y conexiones.

  • Esta disponibilidad es gratificante, pero además nos brinda una pertenencia y un prestigio que resultará atractivo para otros que podrían interesarse en colaborar con nuestros proyectos. ¿Qué ganamos? Que nos conozcan, recuerden y nos tengan en cuenta. Y el hacer de intermediarios nos posiciona como conectores, como nodos que conectan a los demás entre sí.

Pero no se trata sólo de acumular conexiones informales y variadas. Sino de entender por dónde pasan los lazos posibles entre las ideas, las personas y los proyectos, y hacerlos jugar.

Para eso hace falta crear una trama, tejer vínculos, conectar a nuestra gente y sus ideas, no sólo con nosotros sino también entre ellos.

 

¿Este modo de estar en el mundo nos hace mejores? ¿Más generosos? ¿Más solidarios? Sin duda.

 

 Pero más aún, nos hace ser parte del nuevo paradigma colaborativo en el que el más valioso no es el que más tiene sino el que más aporta al espacio común. Y nos posiciona en nuestro mundo social y laboral como nodos atractivos, convocantes y prestigiosos.

 

Atesorar los contactos o las ideas responde a la vieja lógica de fronteras, lo que es mío debo vigilarlo y cuidar que no me lo roben. Compartir las conexiones y co-crear, responde a la lógica de las redes, lo que se comparte se multiplica, revitaliza y crece.

 

  • El pensamiento en red promueve y facilita un modelo de pensamiento conectivo y trabajo colaborativo. Hoy sabemos que este modo de moverse y pensar no sólo es interesante como experiencia, también lo es en la forma en que se genera la innovación en nuestras vidas, profesiones o empresas.

 

Las personas en red no buscan contactos, sino que tejen conexiones formales e informales. Así encuentran, ofrecen, intercambian, capitalizan, generan recursos a mediano y largo plazo, tanto para fines puntuales como para fines diversos.

 

  • Habrá que practicar un nuevo estilo de networking, que se abre a la oportunidad, más allá del tráfico de influencias y contactos por conveniencia. Pero que se nutre de afinidades, coincidencias inesperadas, complicidades emocionales y valores compartidos.

 

Y lo más sorprendente de esta modalidad es que vamos encontrando ideas y personas que no son consecuencia de lo que estamos buscando ahora, sino que terminan siendo el origen de un proyecto en el que aún no habíamos pensado.



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