El boom de radicarse en zonas rurales: un movimiento que desafía al nuevo mundo

(Por Agustina Pessio / desde Italia) Miami es un imán que recibe migrantes de todo los continentes, sin embargo existe cada vez más una gran corriente migratoria tanto en jóvenes como en familias, que se centra en radicarse en pequeños poblados de Europa, Latinoamérica y también el sur de USA. ¿Hay una tendencia de californianos y de norteamericanos en general que desean ir a vivir a Europa?

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Sí, puede pasar. La convivencia con nuevos órdenes globales han despertado algunos asombros inesperados en la sociedad: comportamientos que se vinculan con nuevos paradigmas culturales, económicos y, hasta atrevería a decir, espirituales. 
 
Las motivaciones varían: la ciudad agitada, su ruido y cemento, las rutinas del transporte y embotellamientos, el agotamiento del éxtasis laboral y la idea convencional del éxito, la desconexión con la naturaleza, la necesidad de placeres menos superficiales, el aprovechamiento del tiempo, ajustes presupuestarios y otros. También el mundo nos ha presentado otra realidad que agrega decisiones a estas: conexiones a internet en zonas rurales, mejora de medios de transporte, accesos y rutas, negocio inmobiliario alejado de la ciudad, oportunidades laborales remotas y freelance y muchas otras. 
 
Hace unos años, en otra realidad y contexto, el sitio Our World Data, publicaba en 2020 una tendencia: “Para 2050, se prevé que la población mundial aumente a alrededor de 9.800 millones. Se estima que más del doble de personas en el mundo vivirán en entornos urbanos (6.700 millones) que en entornos rurales (3.100 millones)”. Agregando a esto que “para 2050 se proyecta que la mayoría de los países tendrán una mayoría (más del 50%) de personas viviendo en áreas urbanas”. Sin embargo, aquí no hablamos de masividad, sino de nuevos interrogantes sociales, otras prioridades y decisiones que más que tendencia, asoman porvenires dispares a los de la idea de aquella urbanización de la Revolución Industrial.
 
Así, se descubren otros destinos para comenzar una nueva vida. Por supuesto, la pandemia fue crucial para algunas tomas de decisiones, principalmente para quienes debieron encerrarse en su burbuja de un ambiente en Chicago, Madrid, Buenos Aires o Tokio. Cierta angustia y ahogo presionó aún más a estas personas a elegir otros modos de vida o preguntarse cuánto soportan otro lockdown.
 
La idea de encierro puede darse en distintos contextos, en este caso, frente al COVID.19, se produjo una dinámica de virtualidad que favoreció, fortaleció e inspiró viejas y nuevas tendencias: educación a distancia, trabajo remoto, jornadas part-time, medicina online, alimentación orgánica, meditación y métodos de relajación, entretenimiento streaming, countries cerrados alejados del downtown, housings en cercanías de la naturaleza, pueblos pequeños o zonas costeras. 
 
Por ejemplo, en España, han nacido ideas como Alma Natura que invita a la reactivación rural: “Evitamos la despoblación diseñando alianzas público/privadas para empoderar a las personas”. O Puebloo, una aplicación que funciona como red social impulsando el movimiento hacia localidades pequeñas enfatizando en la conexión, comunicaciones digitales y población de geografías olvidadas, rurales o zonas sin industrias. 
 
Ahora, este impulso no masivo pero sí interesante para comprender el mundo actual, también interfiere en los modos de consumo que postulan ciertos desafíos y oportunidades para los negocios de hoy y del futuro. Pensar desde distintas perspectivas en las que se va creando este nuevo mundo: la tecnología, la nutrición, la medicina, la biología, salud mental, educación, entretenimiento. Las películas que se estrenan online permiten a un niño de una familia mudada a una zona rural poder ver la premiere sin ir al cine del shopping en el centro de la ciudad. Una ejecutiva de una multinacional cruza la bahía de San Francisco una vez por semana para ir a la oficina y los demás días trabaja full-time desde su bella casa en Sausalito. Una joven vende todos sus muebles del departamento alquilado en Santiago de Chile y se muda a una casa frente al Lago de Carlos Paz en Argentina. Un matrimonio deja sus dos ambientes de Los Ángeles para comprar una casa en cuotas en Los Feliz y aprovechar el patio para crear una huerta propia. 
 
Según un artículo de UnHerd, el movimiento hacia suburbios en Estados Unidos, por ejemplo, se analiza definiendo que "Durante la última década, las áreas metropolitanas líderes en la creación de empleo se alejaron en gran medida de las grandes ciudades costeras como Nueva York, Chicago y Los Ángeles y se dirigieron hacia Austin, Salt Lake, Riverside-San Bernardino, Nashville, Phoenix y Raleigh-Cary”. El análisis agrega que las zonas alejadas de las grandes urbes comienzan a dar oportunidades laborales nuevas y hasta inversión en oficinas con mejor espacio y comodidades sin necesidad de largo tiempo para el transporte siendo “ideal para un modelo de trabajo online o híbrido. Pero lugares como Nueva York, San Francisco y Chicago están construidos alrededor de grandes distritos comerciales centrales, y la noción de que las personas tienen que estar en esa geografía para tener éxito”. 
 
El nacimiento del trabajo híbrido parece también ser una tendencia que justifica muchas decisiones de vida. Según “el economista de Stanford, Nicholas Bloom, sugiere que incluso después de que Covid haya desaparecido, los trabajadores remotos constituirán al menos el 20% de la fuerza laboral, más del triple de la tasa previa a la pandemia”. Finalmente, el artículo concluye: “Grandes ciudades, incluso las más densas, necesitan ser receptivas a la realidad. Las visiones grandiosas pueden ser amadas por los medios de comunicación centrados en lo urbano, pero el futuro no puede ser seguro construyendo hasta las nubes, sino confrontando las crudas realidades a pie de calle que ahora expulsan incluso a los de mentalidad urbana de las grandes ciudades del país”. 
 
 
Abundan casos. También los hay inversos. Lo relevante es comprender estos paradigmas de nuevos comportamientos de vida que impulsan un modo de consumo, de aprender, de trabajar, de sentir, de aprovechar el tiempo, de elegir lugares donde residir y dónde crear hogar. Hay nuevos modos o, podemos decir, adaptación y flexibilidad hacia los convencionales. La pregunta que unifica, muchas veces, la decisión sobre un cambio de vida y que no sólo tiene que ver con el lugar y el tiempo, sino más bien con el sentido más profundo de la existencia: ¿cuál es la calidad de vida que quiero para mí?. Esta motivación dispara respuestas tan únicas como personas hay en el mundo: cada uno con sus prioridades y experiencias, cada una con sus historias y motivaciones. Sin embargo, algunas de ellas coinciden, simplemente, en retirarse de la gran ciudad. 

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